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Live Aid, el recuerdo de un concierto benéfico que financió a la guerrilla

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El 13 de julio de 1985 cambió la historia del rock para siempre.

La hambruna azotaba a África, se trataba de la crisis humanitaria más fuerte que vivía el continente en toda su historia. Cerca de un millón de etíopes habían muerto por desnutrición. Etiopía estaba en medio de una guerra civil, las imágenes de sus ciudadanos muriendo de hambre en televisión conmovían al mundo, por lo que las organizaciones internacionales convocaron al apoyo internacional.

Ante esto, fue el músico Bob Geldof y su amigo Midge Ure quienes convocaron a los artistas más importantes de la época para unirse a un concierto de rock sin precedentes. Live Aid nació como una salvación a la crisis que vivía Etiopía.

“Son las 12 mediodía en Londres, las 7 de la mañana en Filadelfia y, alrededor del mundo, es hora del Live Aid”, fue el anuncio del inicio del encuentro musical más importante de la década de los 80. Los estadios de Wembley en Londres y el J. F. Kennedy en Filadelfia, se vistieron bajo el lema ‘Feed the world’ (Alimenta al mundo) y con las presentaciones de músicos de la talla de Paul McCartney, Mick Jagger, Ozzy Osbourne, Bob Dylan, David Bowie y Queen, entre otros. En Londres, la apertura tuvo la participación de la princesa Diana de Gales y el príncipe Carlos.

Desde ese momento una sucesión impresionante de shows se extendió durante 16 horas.

Algunas carreras encontraron la consagración definitiva ante ese público descomunal, el más grande de la historia hasta el momento. Ni la final del Mundial 82 ni los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84 habían llegado a los 1500 millones de espectadores de esa jornada. Otros despegaron. Y unos cuantos colapsaron y hundieron su futuro tras unos malos diez minutos ante los ojos del mundo.

Cada cierto tiempo se conectaba con algún país del mundo en el que un número local presentaba una canción. La Unión Soviética, Japón, Noruega. Australia mostró al mundo la contundencia de Inxs (ese fue el primer contacto, aunque remoto, entre Geldof y Michael Hutchence). Otros países como Austria, Alemania, Yugoslavia prefirieron presentar ensambles con sus principales artistas haciendo una canción benéfica. Holanda optó por algo más sencillo y seguro. Retransmitió una actuación de B.B.King que ese día se presentaba en Ámsterdam.

La apertura en Estados Unidos fue sorpresiva y guarda una de las mejores historias de esa jornada. Un chico de 18 años, con rulos, una armónica colgada en el cuello y una guitarra se paró frente al micrófono y cantó un cover de Dylan y una canción propia con una letra con conciencia social. Antes se presentó a la multitud como Bernard Watson.

Su nombre real era David Weinstein. Un día escuchó en la radio que se iba a realizar el concierto en Filadelfia y consideró que él era el adecuado para abrirlo. Sus antecedentes eran nulos. Pero eso no le pareció que fuera importante. Se instaló en el estacionamiento del estadio JFK y durmió allí durante varios días. Pretendía cruzarse con Graham y convencerlo. Pero antes de dar con el promotor lo encontraron algunos periodistas que al día siguiente publicaron su historia en un recuadro de la sección de espectáculos del diario local, como una curiosidad más. A media mañana, Bill Graham mandó un emisario a hablar con el chico que le entregó un cassette para que conocieran su música. Diez minutos después Graham bajó al estacionamiento con una gran bandeja con comida para Bernard. Y le dijo: “Alimentate que tienes que estar bien para el sábado, parece que vas a abrir el show.

Y así fue, el 13 de julio Bernard Watson fue el primero en subir al escenario norteamericano del Live Aid. Después de él, entró Jack Nicholson que leyó un discurso (“Nunca estuve tan nervioso en mi vida. Suerte que llevé anotado lo que quería decir. No estoy acostumbrado a estar ante tanta gente”, dijo). Joan Baez cantó a continuación.

Una de las grandes atracciones de los shows de Filadelfia eran las reuniones de grupos disueltos hacía años. Crosby, Stills, Nash and Young, Black Sabbath, Duran Duran pero muy especialmente Led Zeppelin.

Phil Collins tuvo un día agitado. Fue el único en tocar en los dos lugares. Primero lo hizo en Londres. Mostró algún éxito solista, se unió a Sting y Brandford Marsalis en un set y apenas bajó del escenario una moto lo llevó al aeropuerto. Tres horas en el Concorde y otra vez subir al escenario, pero en otro continente. Un récord bobo, pero récord al fin.

Las grandes estrellas sin duda, fueron los Queen. El show de menos de veinte minutos fue inolvidable. Hits, impacto, presencia escénica, medley de temas, juego con el público, despliegue, contundencia. Una actuación inolvidable (es la que recrea milimétricamente la película Bohemian Rhapsody en su parte final) que convirtió a Queen en el mejor grupo en vivo de su tiempo. El gran momento del grupo había pasado; la prensa, en especial la norteamericana, no los trataba bien, pero nada de eso pesó. Freddy Mercury y sus compañeros aprovecharon su oportunidad y brindaron un momento inolvidable.

En Estados Unidos también hubo grandes shows de Tom Petty, Run DMC, The Beach Boys (con un Brian Wilson extrañamente rozagante), Santana y un Eric Clapton que logró relanzar una carrera que venía alicaída.

Los dos eventos fueron transmitidos a más de 100 países de todo el mundo y más de 1.500 millones de personas lo vieron. El objetivo era originalmente recaudar 1 millón de libras, y al final la cantidad que realmente se alcanzó fue de 150 millones de libras. Pero hubo algo que no se vio, y que fue muy, muy feo. Lo que finalmente pasó con todo ese dinero, o con casi todo, fue que se gastó nada menos que en armas. Las mismas armas que poco después acabarían matando a miles de los supuestos beneficiarios de la acción benéfica.

La revista Spin aseguró que parte de lo donado fue a parar al etíope Mangistu Haile Mariam, que era el presidente del Consejo Militar Provisional.

Apoyado por Cuba y la URSS, se gastó lo que le entregaron en comprar armas a los rusos para aplastar a quienes buscaban independizarse en Eritrea. Spin descubrió también que varias ONGs habían advertido a Geldof de que Mengistu ejecutaba terribles matanzas con inocentes.

Pero el escándalo sería aún mayor cuando la cadena británica BBC desveló en un programa de radio que gran parte de los ingresos de aquellos macroconciertos organizados por Geldof se dirigieron a los fondos de la guerrilla etíope, debido a la nefasta gestión que se hizo con el dinero en cuanto acabó el show.

Cada show cerró con un ensamble de figuras haciendo la canción benéfica de ese lado del Atlántico

Escucha el reportaje completo:


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